En primer lugar, no es dulce, pero si introduce al caos.
Podría decir "desde que tengo uso de razón", y no me quedaria corta, se han metido conmigo en el colegio debido a mi cuerpo. Durante mi desarrollo, siempre he tenido 2 años "corporales" de más (físicos, mi cuerpo y mi cabeza iban dos años por delante de mi edad normal). A la tierna edad de 4 años, no solo ya se me habian caido todos los dientes y salido los nuevos, si no que mi cuerpo también era más grande, y eso era percibido por todos mis compañeros de clase.Los niños son crueles. Una compañera de clase llegó a preguntarme que si estaba embarazada, por que tenia la misma barriga que tenía su madre (embarazada, por supuesto). Ojalá alguien me hubiera dicho que ese iba a ser solo el comienzo de todo lo que me esperaba después. Ojalá alguien me hubiera entrenado como a una ratilla de laboratorio para PODER (ya que yo querer queria, y lo intentaba) hacer oidos sordos a todo lo que mis queridos y no tan queridos compañeros de clase decian a cerca de mi cuerpo.
La primaria no fue mejor. A pesar de que siempre tuve amigas (gracias a Dios, o tal vez a la Virgen, pero siempre tenia un grupin de amigas, y lo triste es que a nivel general, no caía demasiado mal, solo estaba gorda), mis complejos fueron en aumento durante esta etapa. Todo lo que tendría que haber cambiado en mi en la adolescencia, cambió en mi en los ultimos cursos de la Educacion Primaria. Comenzaron los dolores mestruales, premenstruales y postmenstruales, las migrañas, los cambios de humor y el desarrollo corporal. Típico de adolescente. Pero yo solo tenia 10 años.
Durante esa etapa, la comida ya tenía control sobre mi. Ya me sentía mal al comer y al pegarme atracones; ya tenia la sensación de no poder parar. Pero yo, como niña inocente que era, no sabía que estaba ocurriendo dentro de mi, además al vivir mis abuelos conmigo lo tenían todo más controlado.
Nunca me quise; de hecho sigo sin quererme. Para mi los espejos, ir a comprar ropa o el simple hecho de que te sacaran una foto, a diferencia de para muchas otras niñas, era una tortura permanente que no podía remediar. Voy a especificar: me gustaba comprar ropa, me gustaba sacarme fotos, me gustaba mirarme en espejos y hasta ahi todo normal, lo que era una tortura era ver mi reflejo. Me veía fea, gorda, con la cara llena de granos (por la adolescencia prematura) y no podia evitar pensar que era perfectamente normal que fuera el objeto de burla de todos mis compañeros.
En mi cabeza, y en mi imaginación, cuando me ponía los cascos con música, me volvía la chica más guapa, más lista, y con mejor cuerpo de todo el colegio, y me alababa todo el mundo. Pero, repito, solamente en mi imaginación, y tenía (y sigo teniendo, por suerte) una gran, gran, gran imaginación. Nunca llegó a ocurrir ni nada de lo que pasaba en mi cabeza, ni llegué a quererme tanto como quería y deseaba a la imagen mental que tenía de mi.
Era una bomba hormonal y llena de complejos que podía explotar en cualquier momento: solo necesitaba el interruptor adecuado.
Y entonces, llegó él.
-Novia Cadaver

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